martes, 24 de mayo de 2011

Miedos.

Tengo que reconocerlo: estoy llena de miedos, de inseguridades, de temores. Tengo miedo a todo lo que se mueve, a todo lo que respira, a todo lo que establece un contacto visual conmigo. Siendo sincera, he de reconocer que tengo miedo a las avispas, abejas, insectos varios, serpientes, ratones, a la oscuridad, a la muerte y un tremendísimo miedo al fracaso. Muchos de mis miedos se han generado a lo largo de años, por causa de situaciones de pánico como mi miedo a la oscuridad, o por causa de traumas generados en la infancia como mi pánicos a los payasos. Mi miedo más desarrollado, por desgracia, es mi miedo al fracaso. Detesto perder, que me superen en cualquier cosa, que me pasen por encima. Me gusta estar en la cima de todo, quizá pensaréis que es egocentrismo, pues no; es necesidad. Si fracaso me siento mal, me derrumbo, pienso que no valgo para nada, pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que por más que quiera y que lo intente, no puedo triunfar en todo, me es imposible. No soy ni una superchica, ni una chica 10. Soy tan normal como cualquiera de vosotros, o incluso más. He aprendido a vivir con mis miedos e inseguridades, he aprendido a convivir con mis defectos y a drisfrutar de las pocas virtudes de las que soy consciente. Lo he intentado continuadamente, pero no se decirle que no al fracaso. Me supera, me pasa por encima cada vez que tiene oportunidad de hacerlo. Soy consciente de ello, y cada vez me molesta menos. He aprendido a que tengo que evitar que el fracaso me supere, a que debe formar parte de mi vida, a que no puedo sufrir por evitar que comparta un tramo de mi camino. Me ha costado tiempo y esfuerzo, y ahora con un pie en la universidad puedo decir que aunque le sigo teniendo miedo al fracaso, no me importa tenerlo como compañero de viaje durante algún tiempo, aunque espero que no sea mucho. Ya que con él a mi lado, aprenderé a valorar mucho más mis triunfos de lo que lo hacía anteriormente.


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