martes, 17 de mayo de 2011

Enamorarse.


Todo empieza como una curiosidad, curiosidad de saber porqué te estás fijando en esa persona y no en otra, porqué lo has escogido a él entre tanta gente, curiosidad de saber porqué lo buscas con la mirada sin ningún motivo aparente. Con el tiempo te vas dando cuenta de que necesitas esa mirada como el aire para vivir, que sin esa mirada tus días son grises, el sol no ilumina y nada tiene sentido. Con esa mirada llegan las primeras denominadas mariposas, sí esa sensación insoportable en el estómago que confunde más que aclara las cosas. Te vas dando cuenta de que el contacto de esa mirada te tranquiliza, te relaja y hace que sea algo necesario para tu día a día, algo sin lo cual tu día se convierte en triste, no tiene sentido y acabas molesta por algún motivo para los demás desconocido, pero para tí, demasiado, tanto que ya tiene nombre propio. Esa mirada se convierte en una motivación esencial para tí, algo que te hace superarte cada día; el premio a un largo camino que recorres diariamente sin sentido alguno. Este camino que hasta ahora carecía de sentido, ahora lo tiene, un motivo tan importante que se convertirá, sin tú saberlo, en el primordial de tus días. Poco a poco, la necesidad de esa mirada se va convirtiendo en algo más fuerte, lo necesitas a él, no sólo a su mirada. Necesitas saber en que piensa, qué es lo que le interesa, qué le apasiona, qué le hace sonreír, y sin darte cuenta, esas prioridades se convertirán en las tuyas propias. Intentarás que se fije en tí por encima de todas las cosas, y los buenos días regalados por su persona serán diferentes a los recibidos por parte de los demás. Harás que se convierta en tu amigo, en tu confidente, para poder poco a poco ir ganándote su corazón, hasta conseguir conquistarlo completamente. Los días pasan y comienzas a imaginar un mundo perfecto junto a él, los dos juntos sin que nada ni nadie pueda destruírlo. Pero de repente un día pones los pies en el suelo y te das cuenta de que por mucho que lo intentes, de que por mucho que sueñes con formar parte de su mundo, él no estará ahí para ti. En ese momento te darás cuenta de que te da igual si algún día estará ahí para tí o no;te darás cuenta de que lo único que realmente quieres es que esa persona por la que tanto has cambiado, sin él saber nada, sea feliz. Contigo, con otra persona o simplemente sólo. Harás todo lo que esté en tu mano para lograrlo, aunque no saques beneficio alguno de tus actos, sólo con verlo feliz te alcanza. En ese momento podrás hechar la vista atrás y repasar todo lo ocurrido, paso por paso, momento a momento para llegar a la conclusión que tanto daño te hará saber, para llegar a reconocer de una vez en tu vida, que realmente estabas enamorada, que esa sensación de dolor que sentías en el pecho cada vez que lo veías con otra chica que no eras tú, se llama amor. Sí, se puede estar enamorado, y si alguna vez has sentido algo parecido a esto, créeme que sin duda lo estás o lo has estado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario