Os contaré una historia que me contaron hace un tiempo:
Érase una vez una chica, no una chica cualquiera, una adolescente especial. Una adolescente que tenía una sonrisa que iluminaba hasta en la más oscura noche. La sonrisa de esa chica se fue haciendo cada vez más grande y potente, pero nadie sabía porque motivo ocurría eso. Un día ella descubrió que la culpa (en cierto modo), la tenía un apuesto joven que le robaba el sueño cada noche, que le hacía imaginar escenarios mentales en paraísos increíbles donde ambos eran los protagonistas. A partir de ese momento, los esfuerzos de esa preciosa chica se enfocaban en hacer que el se fijase en ella y que consiguiera, por lo menos, robarle una mirada dirigida a ella. Poco a poco esos esfuerzos se fueron haciendo tangibles, por fin la chica veía que tanta lucha merecía la pena. Acabó el curso escolar y comenzaron las despedidas. Ella pensaba que no volvería a verlo, pero se equivocaba; estudiarían en la misma universidad. Pero el verano no fue igual para los dos, ella en una parte de su país y él en otra. Allí, él se enamoró (podríamos decirlo así), de una manera como no lo había hecho nunca y al volver a su ciudad, la chica se enteró de lo sucedido en el verano. En ese momento se le calló el mundo encima, cada vez que daba un paso sentía un enorme peso sobre su espalda y eso se lo producía la tristeza y frustración que sentía, ya que tanto esfuerzo empleado se desvaneció en esos cortos 2 meses. Ella no sabía que su felicidad volvería a aparecer, pero sacrificando la felicidad de él. El apuesto chico había sido rechazado por aquella persona con la que pensaba que pasaría largos años de su vida, ella se dio cuenta de su tristeza y la situación cambió. Cuando él estaba triste, ella no se sentía bien, pero cuando el le mostraba su sonrisa ella era feliz y su sonrisa radiaba alegría por donde pasaba. Con el paso de los meses los dos se fueron haciendo buenos amigos, se saludaban, hablaban y se veían continuamente. Ella seguía perdidamente enamorada del apuesto chico y se refugiaba escribiendo canciones con su inseparable guitarra. El era su inspiración, su motivo para intentar rimar palabras, para conseguir una melodía perfecta. Él había conseguido olvidar a aquella chica que lo había hecho sufrir y ella seguía tejiendo el amor que sentía en su interior hasta crear una gran pieza. Pasaron meses y llegaron las Navidades, vacaciones muy esperadas por ambos. Ella se quedó en su ciudad, él viajó, se enamoró y volvió a su ciudad muy distinto, sonreía por todo, era mucho más amable y había dejado su bordería a un lado para sustituirla por humor. En ese momento ella pensó que definitivamente Dios o en quien ella creyese no le tenía pensada una vida llena de alegría, que había hecho algo malo para que le sucediera eso, pero se equivocaba enormemente. El destino le tenía planeada una vida llena de gran felicidad, rodeada de los mejores padres que podrían existir, de los amigos que mejor la podrían cuidar, de la gente que más la podrían comprender y valorar. Y por fin se dio cuenta. Reconoció que el destino no tramaba nada en su contra, que si se lo proponía podría salir adelante y conocer a una persona que de verdad le correspondiera y a la que le pudiera entregar su corazón sin temor a nada. Reconoció que lo mejor que le podía pasar, era esto, que así conseguiría una amistad con ese chico demasiado grande como para que se pudiera romper, y todo esto lo supo confiando en ella misma.
Esta historia va para todas aquellas personas a las que en la vida les pasan o les ha pasado algo que les hace perder la esperanza y la fe en los cambios, que les hace pensar que no se merecen lo que les está pasando, que sienten que no podrán salir adelante. A todas esas personas, seguid el ejemplo de esta chica y confiad en vosotros mismos. Nadie os puede ni podrá nunca decir que no os merecéis que os pasen cosas buenas en la vida, porque todo, todo el mundo se merece vivir una vida feliz, con rayos de esperanza brillando en ella cada día.
Gracias. Si querias que llorara lo has conseguido. Eres la mejor. Gracias por confiar mas en mi que yo misma.
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